No sé cómo empezar esta reseña ya que la colección de relatos que les quiero recomendar no solo es dolorosa sino también devastadora. Es terror del que te inquieta no porque posea un monstruo que se esconde debajo de la cama, sino debido a que lo que es verdaderamente monstruoso en estos cuentos son las obsesiones de sus protagonistas o las cosas que tendrán que vivir. Hoy quiero hablarles de Los árboles han crecido porque yo los regué con mi sangre, de Eric LaRocca. Ocho relatos que son ocho mazazos a nuestros sentidos, y que son tan adictivos como perturbadores. El tipo de lecturas que duelen y te dejan el corazón un poco roto.
«—Se supone que los padres no deben hacer daño a sus hijos. Baja la cabeza como si rezara.
—A veces lo hacen».
El libro trae una increíble introducción de Chuck Wendig en la que define la obra de LaRocca como «una obsesión. Una hermosa infección. Un parásito simbiótico, que se alimenta de ti con la misma seguridad con la que tú te alimentas de las palabras del autor. Te nutre. Se arrastra dentro de ti». Luego de descubrir los ocho relatos que componen el libro no se me ocurre mejor manera de describir lo que sucede mientras lees. Una alquimia perversa en la que no puedes parar de sufrir pero tampoco de leer, ya que necesitas saber más.







