Imagínate ser una chica adolescente nativa americana fanática de los slashers y ver que en tu pequeño pueblo se está desarrollando uno sin que nadie más se dé cuenta. Nuestra protagonista cree que se acerca una matanza. De que el horror se está gestando quizás a cámara lenta y que solo una chica final podría acabar con ese asesino. Una joven que no es ella, claro, pero que necesitaría de su guía para sobrevivir. Porque solo una verdadera fan de las películas de terror podría tener alguna posibilidad de mantenerse en pie y acabar con la monstruosidad que está por venir. Hoy quiero recomendarles Mi corazón es una motosierra, de Stephen Graham Jones, una novela que es una carta de amor a los slasher pero también muchísimo más.
«No, ella jamás podría ser una chica final.Porque las chicas finales son buenas, sin complicaciones, dotadas de unas inagotables reservas de aplomo, lejos de las capas sobre más capas de vergüenza, o culpa, o lo que sea esta ponzoña que se encona en su seno».
El libro nos cuenta la historia de Jade Daniels, también conocida como JD. Una joven mitad nativo americana de diecisiete años obsesionada con las películas de terror. O para ser mucho más específicos con los slasher, ese subgénero en el que un asesino se encarga de ir matando adolescentes de manera brutal como por ejemplo Scream, Halloween o Pesadilla en Elm Street. Nuestra protagonista vive en Proofrock, en Idaho, un pequeño pueblo de montaña situado junto al lago Indian.

