¿Qué ocurriría si despertases para descubrir que estás solo y a la deriva en medio del espacio? ¿Qué pasaría si, tras un accidente, eres el único superviviente de toda tu tripulación? ¿Qué significaría el fracaso de una misión que buscaba llevar a una civilización casi extinta a encontrar un nuevo hogar entre las estrellas? ¿Qué consecuencias podrían tener que tus rescatadores sean precisamente de una raza con la que tu pueblo estuvo siglos en guerra? Hoy quiero recomendarles La última luz de Tralia, la primera novela corta publicada de Isa J. González, una historia maravillosa con la que he disfrutado de principio a fin.
“Y entonces, el silencio.
No un silencio normal, lleno de pequeños susurros inertes. Era un silencio absoluto, que solo podía escucharse en el espacio: la inmensidad del infinito entrando por sus oidos, llenando su cabeza de vacío, de una nada insonora”.
Nuestro principal protagonista es Kenichi, un joven de un planeta llamado Tralia, quien junto a su tripulación lleva un par de años como explorador. Su misión, como la de otras tantas naves, era encontrar en nuevo hogar en el espacio para su pueblo. Otro planeta capaz de albergar la vida que el suyo, tras colapsar, ya no podía. Pero en medio de esa búsqueda que de momento resultaba del todo infructuosa, la fatalidad hizo que su nave chocase con un grupo de asteroides. Como único superviviente de una civilización al borde de la extinción, a Ken solo le queda emitir una última llamada de auxilio.

