Imaginen un futuro en el que la inteligencia artificial forma parte de cada aspecto de nuestra vida. Un porvenir donde diferenciar lo que es real de lo falso es cada vez más complicado. ¿Qué pasaría si eres una hacker con un pasado doloroso que desea llevar una vida anónima y tranquila, pero alguien te pide ayuda? ¿Qué ocurriría si una artista que crea sueños con IA desaparece repentinamente y su marido acude a ti porque cree que una banda criminal la secuestró? ¿Hasta dónde llegarías para encontrar respuestas? Hoy quiero recomendarles Cuanto vemos o parecemos, de Ken Liu, un thriller ambientado en un futuro cercano en el que conoceremos a Julia Z, una joven huérfana que es un prodigio con las máquinas, pero a la que no se le da muy bien lidiar con las personas, y que termina envuelta en una búsqueda extremadamente peligrosa.
«Todo eran bots que hablaban con datojinns que hablaban con deepfakes que hablaban con digisapiens. En alguna parte había leído que el 99 por ciento del tráfico de la red lo generaban las conversaciones que las IA mantenían entre ellas».
En este nuevo libro, Ken Liu (que, como ya saben, es uno de mis autores favoritos) nos presenta a la que será la protagonista de una serie, de hecho, el subtítulo que acompaña a Cuanto vemos o parecemos es “Una novela de Julia Z - Primer libro”. Así que aquí iremos conociendo paso a paso a Julia, una joven hacker de veintidós años de ascendencia asiática y con un pasado trágico, no solo porque quedó huérfana a los catorce años, sino porque incluso antes de perder a su madre, su vida nunca fue sencilla. Nuestra protagonista desea llevar una vida tranquila, aislada de todos, sin dejar casi ningún rastro digital, pero su burbuja de “normalidad” y anonimato se resquebraja cuando recibe en su casa una visita inesperada.
Piers Neri es un abogado que se presenta desesperado en el hogar de Julia cuando, tras un par de días de la desaparición de su mujer, recibe un extraño vídeo y unas llamadas amenazantes. Una banda criminal liderada por un hombre que se hace llamar “El Príncipe” afirma tiene secuestrada a su esposa, Elli Krantz, y que si la quiere recuperar, debe devolverle algo que ella le robó. Pero como Elli es una oniroflex, es decir, una artista que utiliza la inteligencia artificial para crear sueños colectivos, Piers duda de la veracidad del vídeo y acude a Julia pensando que la hacker es la única que puede ayudarle a desentrañar si la grabación es real o falsa, ya que los secuestradores amenazaron la vida de Elli si Piers contactaba con la policía.
«La IA generativa obligaba a sospechar de todo cuanto se captara con una cámara. Pero en este caso, equivocarse de una manera sería mucho peor que equivocarse de la otra».
Piers no podía sospechar que todos sus intentos de hacer que su visita a Julia pasara desapercibida por los secuestradores, terminarían poniendo a nuestra protagonista en una situación de peligro, en la que debía huir antes de quedar expuesta. Si bien en un primer momento duda, la hacker termina por ofrecerse a ayudar al abogado a encontrar a su mujer. Y esa búsqueda a lo largo y ancho de Estados Unidos siguiendo pistas imposibles, y tratando de huir de los criminales, nos llevará a descubrir más sobre ese inquietante y más que posible futuro donde la tecnología y el uso extensivo de la inteligencia artificial en todos los ámbitos, incluso para para relacionarnos, no ha hecho más que incrementar la soledad que todos sentimos.
(Ilustración de Evelyne Park para la edición del libro publicada por The Broken Binding)
Uno de los elementos que me pareció más fascinante descubrir en la novela es precisamente el arte que practica la mujer desaparecida. Esos sueños vívidos que son guiados por los oniroflex, y que son como una “mezcla de cine, teatro y meditación”, en los que una guía va llevando a todos los participantes a un sueño colectivo, donde las IA de cada persona en el público les ayudan a participar de manera activa, a dar forma a los sueños comunitarios y a sentir que pertenecen a un todo. Un arte que, en ese futuro en el que las máquinas están tan presentes, necesita de un experto humano para que las guíe de forma única. Algo que me pareció una idea muy creativa sobre hacia dónde podría evolucionar el arte en un futuro no demasiado lejano.
«Soñar unos en compañía de otros nos hace sentir que hemos encontrado nuestro lugar, nos permite darle sentido a cuanto vemos o parecemos».
Si bien es cierto que vemos ese lado brillante de la IA reflejado en los sueños vívidos, la novela nos muestra así mismo las partes más oscuras de ese posible futuro: desde la imposibilidad de distinguir qué es real o no, hasta los hackeos de datos; la información personal y los rastros digitales como producto, la manipulación de las masas y las tendencias, las conspiraciones, la postverdad, y especialmente, la soledad en un porvenir en el que son las máquinas las que se comunican entre ellas, donde un día eres una estrella en la cima del mundo y al día siguiente nadie recuerda nada bueno de ti. Hay muchísima crítica social, dolor, secretos y múltiples capas de lectura entre las aventuras y desventuras a las que Julia tiene que enfrentarse, lo que hace emocionante acompañarla en cada etapa de su camino.
Además, Julia no será nuestra única narradora; contaremos con capítulos narrados por Piers, donde podremos conocer mejor a ese abogado que a su manera es un hacker de las leyes y las normas, que está dispuesto a todo por encontrar a su mujer y que desea mantenerse firme, pese a las dudas, mientras ansía su regreso. Así como también algunos desde la perspectiva del Príncipe y de un par de sus secuaces, pero siendo sincera, esos capítulos fueron los que menos disfruté, porque dada la complejidad que muestran Julia y Piers, aunque las otras perspectivas enriquecen el mundo y la trama, los antagonistas se sienten un poco planos (o demasiado encantados de conocerse a sí mismos).
«Su gran amor era Elli, pero el gran amor de Elli era su arte. Y ninguno de los dos traicionaría jamás a su respectivo amor, por nadie».
Inteligencia artificial, arte, conspiraciones, secretos, racismo, soledad, conexión… Cuanto vemos o parecemos, de Ken Liu, es un techno-thriller que nos presenta un futuro próximo tan plausible que por momentos resulta aterrador. Hay problemas que aparecen en el libro que ya estamos experimentando de alguna manera, aunque la IA real todavía está lejos del nivel que imagina el autor. Hay tantas reflexiones potentes que me gustaría señalar aquí, pero creo que es mejor que ustedes las descubran al leer. Porque se puede disfrutar de la novela solo como la primera aventura de una joven hacker, pero también como mucho más. Ken Liu es el tipo de autor que nunca decepciona, lleno de ideas y al que es un verdadero placer leer.
Ya estoy deseando saber cuándo podremos reencontrarnos con Julia y descubrir aún más de su pasado y a qué nuevos retos tendrá que enfrentarse. Antes de terminar, me gustaría señalar la cuidada traducción de Raúl García Campos puesto que no debe haber sido nada fácil nombrar toda esa tecnología que emplea Liu para su historia. Gracias a Runas por enviarme una copia avanzada de la novela, fue eso lo que me permitió tener la reseña lista justo el día antes de que salga a la venta. Si están buscando una historia llena de secretos que además los haga reflexionar sobre el futuro y nuestro presente, tienen que darle una oportunidad.
¿Han leído Cuanto vemos o parecemos? ¿Les llama la atención?
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