¿Qué pasaría si las narraciones que oías cuando eras una niña fuesen verdad? ¿Si los cuentos que escuchabas junto al hogar sobre señores del invierno, caballos mágicos, brujas y espíritus del bosque no eran ficción sino realidad? Una parte del mundo oculto que muy pocos pueden ver y que con la llegada de la religión se está perdiendo cada vez más. Hoy quiero hablarles de El invierno de la bruja, de Katherine Arden, el último libro de la fabulosa trilogía El oso y el ruiseñor. Unas novelas que nos llevan a una Rusia medieval llena de magia, monstruos y al borde de una guerra que podría acabar con todos.
«He visto que los cherti han quedado reducidos a sombras. Los hombres ahora ordenan sus vidas en torno al sonido de esas malditas campanas. Así que voy a derribar las campanas y, de paso, a derrocar al gran príncipe. Voy a prenderle fuego a todo este pequeño mundo que es la Rus y veré qué sale de las cenizas».
Dividido en cinco partes, el libro empieza justo después de ese épico final de La chica en la torre, cuando el fuego ha arrasado buena parte de Moscú. Aunque el incendio terminó por ser controlado, la gente furiosa de la ciudad busca un culpable. Y Vasia se convierte en la candidata perfecta luego de ser señalada como una bruja gracias a las acusaciones de cierto sacerdote que todos conocemos y odiamos a estas alturas. Si nuestra protagonista desea sobrevivir a todo ese odio, deberá seguir un camino que quizás solo la conduzca a otro tipo de muerte.


