Hay libros que empiezas y automáticamente sientes que estás regresando a casa, pues sus personajes han causado tanta impresión en ti, que es como reencontrarte con unos viejos amigos a los que extrañabas. Eso he sentido al leer La última primavera de Concepción Perea, la segunda parte de una bilogía que inició con La Corte de los Espejos, uno de los mejores libros de fantasía que había leído en mucho tiempo y que tiene un final que es incluso mejor que su predecesor.
“Las cabezas no se cortan de un solo tajo, al menos eso era lo que tenía comprobado”.
Volvemos a TerraLinde un lugar poblado de magia y de hadas que no creen que los humanos existan, un reino que vive en una frágil paz luego de una cruenta guerra, una paz que se ve amenazada no solo por las intrigas que desde el exterior tratan de debilitar el poder de la reina Silvania, sino también por el descontento de los propios habitantes de La Corte de los Espejos, tanto nobles, como los gentiles. Parece que un nuevo enfrentamiento es inevitable, aunque las consecuencias pueden ser fatales para todos.


