¿Cómo puedes seguir adelante cuando estás destrozada por el dolor? ¿Es posible superar la pérdida de alguien que daba sentido a tu mundo? ¿Qué estarías dispuesto a sacrificar si toda una ciudad se enfrenta a una criatura letal? Si hay por aquí alguien que crea que «las segundas partes nunca son buenas»… Hoy les quiero recomendar una novela corta que desmiente perfectamente esta afirmación: Los hilos rojos de la fortuna, de Neon Yang, segundo libro de la premiada Saga del Tensorado que llegó a las librerías españolas gracias a la editorial Duermevela con la increíble cubierta ilustrada por Yuko Shimizu y a la excelente traducción de Carla Bataller Estruch.
«Encaramada sobre el lomo de la enorme velocirraptora, Mokoya la arrulló y la acarició como si en lugar de un animal del tamaño de una casa, fuera una niña pequeña. Fénix era una criatura amable y feliz, aunque al verla nadie lo diría».
El libro, ambientado unos cuatro años después de lo ocurrido en Las mareas negras del cielo, nos presenta a una Mokoya de 39 años quien, rota por el dolor de la pérdida, ha dejado su antigua vida como profetiza atrás. Ahora se encuentra en medio del desierto, cazando a los terribles naga (unas bestias voladoras mezcla lagartos y serpientes) que van dejando una ola de destrucción a su paso. Y no lo hace sola, sino con Adi, una amiga que es de las pocas personas que aguanta su mal humor constante, su equipo y su manada de velociraptores.

