¿Qué pasaría si de manera repentina toda la humanidad desapareciera? ¿Cómo sería tu vida si fueses el último astrónomo en el Ártico? ¿Qué ocurriría si eres una astronauta en una misión en el espacio y de la noche a la mañana perdieses toda comunicación con la Tierra, el planeta al que ansías volver? Hoy quiero recomendarles El cielo de medianoche, de Lily Brooks-Dalton, una novela maravillosa ambientada en un mundo que se termina pero que nos recuerda que, incluso en esas circunstancias, vale la pena vivir en él.
“No era el éxito lo que anhelaba, ni siquiera la fama, sino hacer historia: quería abrir el universo como una sandía madura y ordenar el confuso amasijo de semillas ante la mirada de sus atónitos colegas… Quería que lo recordaran”.
Esta es la historia de Agustine, Augie, un hombre de 78 años que ha dedicado su vida al estudio del cielo. Un astrónomo que se encontraba trabajando en una estación en el Ártico cuando llegaron para desalojarlo tanto a él como a sus colegas porque no era seguro permanecer allí. Pero, aunque todos sus compañeros abandonaron el observatorio ante la amenaza de una guerra de la que no sabían nada por su aislamiento, Augie decidió quedarse, aun cuando al perder ese vuelo quedaría completamente solo y sin posibilidades de volver a la civilización.

