Aprovechando que Runas ha recuperado el primer libro de la saga que me hizo descubrir a una de mis autoras de ciencia ficción favoritas, quiero rescatar mi reseña de El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers. Así que pónganse cómodos, hoy vamos a conocer a la Peregrina y a su maravillosa y peculiar tripulación.
«De la tierra nos alzamos.De las naves vivimos.De las estrellas, la esperanza.Proverbio Exodano».
La novela se ambienta en un futuro donde la humanidad no vive exclusivamente en la Tierra y en el que el espacio está repleto de diversas especies que han logrado, en su mayoría, vivir en armonía y han fundado una Confederación Galáctica que comparte tecnología y recursos. Los humanos no son más que otra especie sapiente que disfruta de los beneficios de esa unión entre los diversos planetas. En ese contexto acompañaremos a Rosemary, quien viaja a bordo de la Peregrina, una nave tuneladora encargada de conectar puntos distantes del universo mediante agujeros de gusano.
Rosemary se une a la Peregrina tratando de huir de su pasado y ocultando incluso su verdadera identidad. Abandona la vida segura y cómoda en un planeta para vivir en el espacio junto a una tripulación interespecie. Allí conocerá a personajes tan únicos como Sissix, una fascinante reptil; Kizzy y Jenks, un par de humanos encargados de mantener la nave en funcionamiento; Doctor Chef, uno de los últimos supervivientes de una especie al borde de la extinción; y Ohan, un ser tan peculiar que resulta imposible describirlo en pocas palabras y con una misión crucial durante el proceso de tunelación, todo el éxito de cada misión depende de él o, mejor dicho, de ellos.
«El precio de empezar de cero era no tener a nadie detrás si caía».
Poco tiempo después de la llegada de Rosemary, la vieja nave tiene una oportunidad única: realizar un túnel en el territorio de una especie que, hasta entonces, había permanecido aislada porque los clanes que la conforman vivían en guerra constante. Sin embargo, cuando una de las facciones decide aliarse con la Confederación, surge la ocasión perfecta para explorar el desconocido Núcleo. Así comienza el largo viaje de la Peregrina hacia ese pequeño planeta rico en recursos que todos codician. Un trabajo que, de completarse, supondría una gran cantidad de dinero para el capitán Ashby y toda su tripulación.
(Ilustración de Vin Clovercreek)
Pero en un trayecto tan extenso, la tripulación tendrá la oportunidad de explorar los diversos planetas y culturas con las que se cruzan durante el viaje. Conoceremos así los entresijos de un escenario donde la idea de que los humanos sean conquistadores parece una especie de chiste. La humanidad solo sobrevivió gracias a que una especie con mejor tecnología se encontró con las naves generacionales que abandonaron la Tierra cuando no quedaba más alternativa para el planeta moribundo. Un universo donde cada especie tiene costumbres tan particulares que resulta fascinante descubrirlas.
«No había nada en el universo que pudiera durar para siempre. Ni las estrellas. Ni la materia. Nada».
Si hay algo que me ha parecido verdaderamente asombroso es la capacidad que tiene Becky Chambers para crear personajes únicos, carismáticos y, sobre todo, complejos. Sus motivaciones se sienten reales y es muy fácil encariñarse con ellos. Rosemary no es la única que acaba sintiéndose en casa a bordo de la Peregrina; nosotros también terminamos formando parte de la tripulación con el paso de las páginas. Mención especial se merece la encantadora Lovey, la inteligencia artificial de la nave, que toma su nombre de Ada Lovelace.
Chambers utiliza un rico y detallado escenario de ciencia ficción para hablar de temas tan complejos como la identidad, el género, la sexualidad, la maternidad, la xenofobia, la guerra o el amor. Todo ello dentro de una novela de tono optimista, que hace uso también del humor y nos presenta un universo lleno de posibilidades y de caminos por explorar. Pero, por encima de todo, creo que la historia destaca por sus personajes, de los que es imposible no enamorarse a medida que descubrimos sus secretos y su pasado. Si están buscando una lectura diferente y que los emocione, no puedo hacer otra cosa que recomendarles El largo viaje a un pequeño planeta iracundo. Les aseguro que Becky Chambers los conquistará.
No quiero terminar sin volver a darle las gracias a Runas por devolver a las librerías una historia tan especial. Estoy deseando que lleguen los siguientes libros de la serie de La Peregrina que, aunque funcionan como historias independientes, comparten el mismo escenario. También quiero agradecer a Insólita Editorial que nos presentara por primera vez a Becky Chambers en 2018, así como reconocer el excelente trabajo de traducción de Alexander Páez quien también firma la traducción de esta nueva edición.
¿Han leído El largo viaje a un pequeño planeta iracundo? ¿Les llama la atención?



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