¿Qué pasaría si inmortalidad estuviese casi a nuestro alcance? ¿Si la humanidad cambiase tanto que ya no necesitásemos vivir para siempre en el mismo cuerpo? ¿Si al momento de nacer fuésemos compilados y nos convirtiésemos en discos de identidad que pueden ir cambiando de cuerpo según las modas o los gustos?¿si éstos se convirtieran en un simple accesorio más, objetos con una viva útil determinada que siempre podemos reemplazar, cosas de usar y tirar? Hoy quiero hablarles de Mala racha, de José Antonio Cotrina, una novela corta donde todo esto y mucho más es una realidad.
"Desde su órbita sobre Ío, Dorada James contemplo la terrible erupción que llegaba y pensó que el infierno se había desatado de pronto, buscando rendir el cielo".
Esta es la historia de Dorada James, una mujer que acaba de empezar a trabajar como celador en Ío, un pequeño satélite repleto de actividad volcánica del que una mega corporación extrae la energía consumida por Europa, la Luna de Júpiter, donde los humanos tienen uno de sus múltiples asentamientos. Ahora que los cuerpos mortales no son un impedimento para los largos viajes especiales y la Tierra no es ya habitable, no hay límites entre las estrellas.


