Siempre es un placer reencontrarte con un autor que te ha sorprendido y comprobar que su nueva novela logra cautivarte igual o incluso más que sus predecesoras. Hoy me gustaría recomendarles Ocho millones de dioses, de David B. Gil. Un libro con el que volveremos a recorrer el Japón feudal que Gil demuestra conocer tan bien para acompañar, en esta oportunidad, a un misionero jesuita a tratar de descubrir quién se esconde tras las crueles muertes de los padres evangelizadores que desempañaban su labor en ese lejano y misterioso rincón del mundo.
“¿Tan importante era para ellos proclamar la verdad de su dios? Las Islas Divinas ya tenían a sus propios dioses, antiguos y orgullosos; no necesitaban al dios de los extranjeros”.
Nuestro principal protagonista es Martín Ayala, un padre jesuita al que en 1579 se le encomienda volver a Japón, el país donde se formó como misionero, con una importante misión: debe averiguar en calidad de enviado de Roma quién se esconde tras las muertes de los padres cristianos en esas remotas costas. Alguien se está encargando de asesinarlos con una crueldad tan excesiva que muchas iglesias han tenido que cerrar para trasladarse a otros territorios más seguros.

