Hay argumentos que me pueden vender un libro con una sola línea: ¿Y si Westworld se combinara con Disney World? Imaginen qué pasaría si las princesas de los parques al estilo Disney no fuesen chicas disfrazadas sino unos híbridos humano/máquinas diseñadas para cumplir con las fantasías de los visitantes. ¿Qué ocurriría si uno de esos androides tan realistas y programados para no mentir fuese capaz de cometer un asesinato y negase haberlo hecho? Ese es el intrigante argumento de la alucinante historia de la que les quiero hablar hoy: El Reino, de Jess Rothenberg. Un libro que nos llega en una cuidada edición de Nocturna y con la traducción de I. C. Salabert.
«En el Reino —mi Reino—, ser felices para siempre es el único final que existe».
En la novela conoceremos a Ana, una de las siete fantasistas que viven en El Reino, un parque temático que contiene atracciones alucinantes: desde la montaña rusa más alta del mundo, hasta las únicas pistas de esquí con nieve real que quedan en el planeta. Pasando por atracciones virtuales de todo tipo, y una cantidad cada vez mayor de animales extintos que vuelven a la vida gracias a los laboratorios de bioingeniería que hay en el parque.

