¿Qué ocurriría si el Sol empezara a morir cinco mil millones de años antes de lo que los científicos estimaban? ¿Qué pasaría con la humanidad si su fin llegase mucho más rápido de lo esperado? ¿Podría una conciencia artificial encontrar la manera de salvar una raza que parece condenada a la extinción? Hoy quiero recomendarles Emily Eterna, de M. G. Wheaton, una novela de ciencia ficción fascinante protagonizada por una conciencia artificial que quiere ser tratada como una persona y que nos hace cuestionarnos qué significa ser humanos.
“Teniendo en cuenta aquello a lo que la humanidad ha de enfrentarse pronto, la aparición de un dispositivo con el que la gente pueda afrontar mejor sus traumas se antoja bastante oportuna”.
Emily es una conciencia artificial, un programa informático altamente sofisticado creado para ayudar a los seres humanos a superar sus problemas y sus traumas. Una especie de superpsicóloga que conectando un chip a cualquier persona tiene acceso ilimitado a su cerebro, con todo lo que eso implica: recuerdos, sueños, esperanzas y miedos. Pero que no por ello se encarga de borrarlos o modificarlos, sino de servir de guía para que sean los afectados quienes encuentren la solución.

