Siguiendo con las reseñas en las que participo como jurado en la sexta edición de los Premios Guillermo de Baskerville que celebra Libros Prohibidos, hoy quiero hablarles de una novela de terror que no solo les hará estremecer, sino quizá también agradecer por la familia en que les tocó crecer. O puede que no, y solo os haga renegar aún más fuerte por vuestra suerte. Porque sin importar lo que diga Tolstói no todas las familias son iguales, ni las felices ni las que están muy lejos de serlo.
¿Cómo sería vuestra vida si les hubiese tocado crecer sin madre y con un padre ausente? ¿Cómo habría transcurrido tu infancia si solo tu peculiar hermana mayor se ocupase de ti? ¿Y si vivieses en una casa opresiva que se convierte por error y por ambición en un lugar donde las personas tratan de contactar con sus muertos, para despedirse por última vez? Pueden dejar de imaginar, ya Nieves Mories lo hizo por todos nosotros en Asuntos de muertos, un libro tan opresivo que el horror duele, no de forma exclusiva por lo que cuenta, sino también por lo que solo se puede intuir.
“Nunca se irían, no, porque las cosas que no existen no pueden desvanecerse. Lo que ya está muerto no puede volver a morir. Las cenizas no pueden volver a arder”.

